Y la historia continúa…

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Por: Andy Hato / @AndyHato

En 1886 Friedrich Nietzsche, filósofo alemán conocido por todos, escribía una línea que haría eco en el tiempo: “No hay hechos, sólo interpretaciones”. Frase que ha valido para defender que toda interpretación vale porque los hechos, como base firme y objetiva, no existen. Todo es interpretación, dirían los defensores de la subjetividad. Todo vale, añadirían dando un salto mortal que va mucho más allá de la intención de Nietzsche.

Pero aquí no discutiremos la interpretación acertada o no de la famosa frase del autor de Así habló Zaratustra. Me interesa destacar que ella pone sobre la mesa un gran problema de la historia como disciplina: ¿en qué puede fundamentar su objetividad si de lo que se trata es de hablar de hechos del pasado?

Hoy tenemos registros multimedia de casi cualquier cosa. Siempre hay un tuit, decimos ahora. Pero no siempre ha sido así. La historia debe confiar en los documentos que se conservan y decidir si les da crédito o no. El hackeo no es novedad alguna. Encontrar documentos pretendidamente históricos que han sido falsificados no es cosa rara o poco habitual. La historia está plagada de documentos apócrifos y con frecuencia utilizada para justificar atrocidades políticas.

Los Canarios de Madrigal, Cáceres y compañía.

Aquí cobra relevancia la aguda frase de Nietzsche. Podemos contar con documentos del pasado que hablan de los hechos, estos son ya incluso los hechos mismos al ser lo único que queda de ellos. Pero otorgarles credibilidad y dar sentido a lo sucedido es parte de un proceso de interpretación que es justo la materia y el quehacer del historiador.

Pero mientras más alejado esté el tiempo pasado de nosotros más se convierte en materia de especialistas. El pasado reciente, mientras tanto, es un hervidero de opiniones. Mientras más miradas y voces haya sobre él más se verá la diversidad de perspectivas posibles sobre una misma cosa vivida y compartida por todos. Esto es lo que pasa en los últimos días con Morelia y la historia de su equipo de fútbol.

Mientras algunos se queden con los documentos que dan cuenta de pasado más remoto no parece haber mayor problema. Podemos incluso aplaudir que se defienda una aparente “historia oficial”. Aunque no puede dejarse de subrayar que la historia aceptada no está exenta de ser modificada por nuevos datos y descubrimientos. Solamente los tiranos se adjudican la posesión de la verdadera interpretación de la historia. Lo “normal” es que se viva en la interpretación aceptada pero siempre abierta a ser redefinida.

Los Canarios de los ochentas.

Monarca Morelia fue una etapa del fútbol profesional en esta ciudad. Inició en 1999 con el cambio de nombre y tiene un claro final en este 2020 con la mudanza de la franquicia a Mazatlán. Si queremos ser demasiado puristas hemos de decir que hasta aquí se escribe una historia de un equipo que nace en 1950. Esto sería contar la historia de una franquicia, de un ente constituido legal y comercialmente para acoger y dar forma a la práctica de un deporte.

Pero hay una alternativa. Se puede contar la historia del fútbol profesional en la ciudad. Esa sigue viva. Esta historia es incluso más grande que la de la franquicia. En otras palabras, la historia de la franquicia está dentro de la historia del fútbol profesional que es la que la hace posible. Con esta distinción podemos ver que lo conseguido deportivamente (léase títulos) es algo compartido por ambas historias. ¿Por qué creemos entonces que los títulos se pierden con la partida de una franquicia?

Quien argumenta de esta manera discute no en términos de historia, sino de argucias más de índole administrativo y burocrático. A efectos de la historia del fútbol profesional en Morelia, los títulos, las finales, los gritos de gol y los llantos, se dieron aquí bajo el mote de Atlético Morelia y de Monarcas fundamentalmente. Esos sí que son hechos que permanecerán ligados a esta tierra a pesar de las interpretaciones.

’Tapita’ García, Darío Franco y Valenciano en los noventas.

Monarcas es parte de la historia como lo fue en su momento el Atlético Morelia. El hecho de que este nombre vuelva hoy es prueba de que esa imposición del mote de finales de los 90 no ha hecho mella en la historia del equipo. Lo que queda claro es que el nombre es lo de menos. Es una anécdota en algo mucho más grande que se llama historia.

Esta historia tiene fuerza porque la seguimos escribiendo con la búsqueda de más glorias deportivas. Esas son las que coronan y hacen realmente memorables las páginas de este libro del que todos formamos parte. No tiene sentido discutir si este es o no el auténtico Morelia. Es el Morelia del presente y no hay nada más auténtico que eso. Es el equipo que se explica si seguimos el hilo de la historia del fútbol profesional de la ciudad.

Se fue Monarcas, pero el pasado de esa franquicia se quedará aquí para siempre. Se quedan los títulos. Se queda, sobre todo, la posibilidad de seguir escribiendo la historia del fútbol profesional. La historia continúa y lo mejor es poner todo de nuestra parte para seguirla bañando de gloria. Procuremos darle al futuro hechos para poder hablar con orgullo de ellos en lugar de fomentar interpretaciones estériles del pasado.

Me despido con otra imagen nietzscheana: somos una flecha de anhelo que apunta a la otra orilla. La historia de Morelia continúa como una flecha de anhelo que apunta con todas sus fuerzas al regreso a la primera división. Construyamos esa historia juntos. ¡Salud!

(Fotos: @sergre73)

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Guillermo Molina Enríquez
Guillermo Molina Enríquez
2 meses atrás

Vamos con todo mi Atlético Morelia….somos el mejor equipo.