Cancerbero / Columna Invitada

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(Por: Andy Hato / @AndyHato)

Es curioso que se haya elegido este nombre para el guardián de la portería en el fútbol. El Can Cerbero o perro Cerbero, como seguramente se sabe, es el guardián del reino de Hades en la mitología griega. Guardián del infierno, como lo conocemos nosotros. Su tarea es la de impedir que los vivos crucen la puerta de entrada, pero también que los muertos salgan. En la mitología suelen ser los héroes los que logran burlar su guardia. Quizá por eso el gol se celebra como si fuéramos testigos de la victoria de Hércules en su última prueba domando al imponente can de tres cabezas.

Pero quien elige esa posición, o bien quien termina jugando ahí por los caprichos del destino, seguramente se sentirá identificado con la frase que Dante pone en la puerta del infierno: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate” (Abandonen toda esperanza los que aquí entran). Parafraseando diremos: que abandonen toda esperanza los que a la portería se dedican. Posición ingrata como pocas. Puedes estar sin problemas 85 minutos, pero un solo error puede costar el partido y con ello la lluvia de feroces críticas.

Ser el responsable de mantener a vivos y muertos en su lugar no es poca cosa. Cargar con esa tarea sobre la espalda es propio de valientes. La pelota viva quiere colarse a las redes del infierno. Pero el cancerbero le espera atento. Se vale de todos sus recursos: la mirada intimidante de sus tres pares de ojos, la agilidad de su cola de serpiente, lo imponente de sus dimensiones. Solamente la fuerza o la astucia con una dosis de talento, como Orfeo, podrán burlar su guardia. Pero, eso sí, son pocos los que han de conseguir la hazaña.

La portería de Morelia ha conocido grandes y dignos representantes de la figura de Cerbero. Desde Olaf Heredia, Félix Madrigal y Ricardo Martínez hasta los más recientes como Comizzo, Vilar y Sosa. Además, recientemente la cantera de Morelia ha visto nacer porteros de grandes cualidades como Moisés Muñóz, Felipe Rodríguez y Ángel Malagón. Queda claro que esta puerta ha tenido una tradición y escuela de altos vuelos. Los fieles espectadores, por tanto, saben reconocer cuando alguien tiene los tamaños para representar ese linaje de guardianes.

No importan los apellidos. Lo que importa es que se siga esta línea de porteros con gran personalidad y presencia. Jugadores que se hacen sentir por su talento, sus reflejos y la confianza que transmiten a la última línea de defensa. Pero los que han marcado diferencia se caracterizan por su liderazgo. Por un carácter fuerte que pone orden cuando hace falta y que intimida a todo aquel que se acerca al área. Los conocemos bien. Los hemos visto más de una vez. Nadie nos cuenta la diferencia entre un buen cancerbero y un lindo cachorrito.

Lo que nos ofrecen hoy es una promesa. Se pretende justificar todo con frases como “lo va a demostrar”, “ya verán”, “viene de un proceso interesante”. Pero para el verdadero Can Cerbero no hay tiempo de prácticas. Cada error es un vivo que se cuela en el infierno, una alteración del orden, una derrota. Quien tiene los tamaños ha de demostrarlo rápido. Esto es parte precisamente del mentado proceso de maduración. 

Lo vuelvo a decir: no importan los apellidos, importa la calidad. No se puede caer en el error de llamar “nepotismo” a lo que hoy vemos. La palabra está reservada para el ámbito público y este no es el caso. Pero, sobre todo, hemos de poner el ejemplo, estar a la altura del profesionalismo que se pide y ver más allá de los nombres. Señalar lo que hay de manera justa, pero también lo que evidentemente falta. El eslogan de este Atlético Morelia es “La historia continúa”. Por eso se ha de exigir a cada uno de los jugadores que estén a la altura de la historia que representan y que pretenden seguir escribiendo.

Alguna vez tuve la oportunidad de escuchar a Comizzo entrenando con Muñoz. Le alentaba, le pedía más, le gritaba que aprovechara su velocidad de piernas. Si quieren que Alejandro Arana siga un proceso de mejora están en todo su derecho. Pero le hacen daño lanzándolo con carencias tan evidentes en la técnica. Necesita un mentor, un ejemplo real. Necesita alguien a la altura de la escuela que Morelia ha forjado con el paso del tiempo. Entonces tendrá una oportunidad de verdad y nosotros como afición lo agradeceremos y acompañaremos. 

Ser cancerbero no es sencillo. En el viaje del héroe un momento crucial está en el encuentro con el mentor. Ese es el paso que le están negando a un chico que hoy por hoy está lejos de ser un digno guardián de la portería rojiamarilla. A veces esto se hace con las mejores intenciones, pero son ya 630 minutos en los que queda claro que hay muchas cosas por mejorar antes de ponerle entre los vivos y los muertos a resguardar las puertas del infierno. Le deseamos lo mejor, aunque eso signifique dar un paso atrás por el bien del conjunto.

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