Ecos del Quinceo

MONARCAS: DE LA SALVACIÓN A LA ESPERANZA RENOVADA

Por: Andy Hato / @AndyHato

Hasta aquí hemos llegado. Última parada de un viaje que no ha carecido de emociones.

Del minuto 90:33 a la ilusión de las semifinales. Del drama al orgullo mientras la Tierra se pasea en torno al astro rey. Este es el final de trayecto del año Monarca, pero el inicio de una valoración para las próximas travesías. Un torneo para el recuerdo y otro para la ilusión. Monarcas Morelia está más vivo que nunca.

Clausura del descenso

Enero llegaba con una decisión polémica: la apuesta por Pablo Marini en el banquillo de Monarcas. Un mes para su debut y despedida, pues el 4 de febrero sería el último partido del argentino que dejaba el barco en llamas. El fuego parecía listo para la quema del descenso.

Ruidíaz hizo uno de los goles más memorables en la historia del equipo.

El 12 de febrero Roberto Hernández comenzaría a escribir una historia con el drama como tinta. La negativa de más de un técnico para hacerse cargo de Monarcas unió al grupo en el momento que más lo necesitaba. La herida en el orgullo se transformó en fuerza y sed de victoria. Morelia derrotó a Chiapas aquel día y así comenzó a consumar su salvación. Parafraseando al gran Pamuk diremos: “Eran los tres puntos más importantes del torneo y nosotros no lo sabíamos…”

El 6 de mayo quedará en nuestra memoria. Corría el minuto 90 con 33 segundos cuando las gargantas por fin podían liberarse de la angustia. El grito de gol salió del alma y se quedó para siempre con nosotros. Monarcas es de primera y de primera no se va. Lágrimas, risas, bailes… La primera mitad del año nos dejó la alegría de la permanencia y la recompensa de la calificación.

Apertura de nueva esperanza

Un nuevo torneo inició dando continuidad a un proyecto que se la ganó a pulso. Roberto Hernández recibe la oportunidad que tanto había esperado para iniciar el Apertura en el banquillo Monarca. Para armar a su equipo la prioridad fue mantener la base de jugadores que consiguieron la permanencia. Apostó, además, por un par de caras conocidas de la institución: Guzmán y Sepúlveda. Diego Mejía cerraba los fichajes para mostrar una cara distinta en el naciente torneo.

Hernández fue el DT revelación este año.

El inicio no fue sencillo. Ya hablaremos de lo que pasó en la cancha, pero fuera de ella la incertidumbre envolvía al goleador del equipo. Lesión o protesta, lo cierto es que Ruidíaz hacía falta en la cancha donde ya se veía que la explosividad no sería la marca de la casa. La crítica fue dura. Sobre todo porque los puntos seguían siendo necesarios y oxígeno puro después de dos años de convalecencia.

Ante la urgencia llegó el golpe de timón. Las modificaciones hicieron que el equipo retomara el rumbo con un paso lento pero seguro. Luego de no conocer la victoria en las cinco primeras fechas Monarcas cerró con 8 victorias, 5 empates y 4 derrotas. 29 puntos para los dirigidos por Roberto Hernández que llegaba a un asombroso 57% de efectividad en el torneo poniendo al equipo entre los 4 mejores. Si hay una palabra que puede definir a este Monarcas es precisamente esa: efectividad.

Las esperanzas no tardaron en llegar. Se sabe que los equipos norteños han consolidado equipos de otra liga. Pero eso no es pretexto para soñar después de un Apertura donde Monarcas supo aprovechar la inercia de la unión para mostrar un estilo efectivo que se reflejó en los puntos. Monterrey, sin embargo, puso las cosas en su sitio. Buen torneo de Monarcas, pero para ser campeón se necesita algo más. La efectividad es necesaria para quien quiere salvarse de la quema, pero no es suficiente para quien quiere ser campeón.

Hablemos de futbol…

Monarcas es un equipo armado para resistir los embates de las adversidades. Su columna vertebral está pensada para salvarse, para sumar en base al orden más que al espectáculo. La idea de juego programada por Enrique Meza sigue vigente. Roberto Hernández hizo un gran trabajo, pero no logró hacer un cambio en la forma de jugar de Morelia. El reto de aquí en adelante es romper con esta inercia porque el descenso, ahora sí, no es ya la prioridad. Este estilo de juego luce más cuando el otro equipo es el obligado, de ahí que no extrañe que Monarcas sea el mejor visitante del torneo.

Carlos Guzmán estuvo a la altura de las exigencias.

La apuesta del denominado “Comandante” fracasó. Soñaba quizá con la velocidad de Montero y Rojas por las bandas, pero en cambio tuvo la baja de juego de Cuero y la apatía de Polo. Hicieron falta cinco fechas para que abandonara la idea que estaba poniendo su despido sobre la mesa. Reconocer el error le llevó a respirar, pero para ello tuvo que ser mucho más conservador de lo que quizá había presupuestado. Esto sumado a la desafortunada lesión de Rocha, pilar y punto de equilibrio en el mediocampo.

La virtud de Roberto Hernández está en entender lo que La Volpe repite una y otra vez: el sistema lo hacen los jugadores con los que cuentas. Así que no había más que volver a darle solidez al equipo con una doble línea de 4 y apostar por Ruidíaz como 9 solitario. Lo que queda como duda es si no había tiempo para mirar en el extranjero al menos una incorporación más que ayudara a resolver parte del problema. Quizá la falta de un director deportivo pesó en este punto. Buen torneo, pero hay que reconocer que hubo un error en la planeación o bien poca reacción del departamento de inteligencia deportiva. Con lo que hay alcanzó para sumar y conseguir pasar a la semifinal no sin contratiempos, pero quizá era momento de pensar más allá.

Pero la unión, gran característica de este grupo, les sacó adelante. Jugadores como Osuna, Millar, Vegas y Guzmán elevaron su nivel de juego para darle solidez al equipo. Sosa y Achiller fueron pilares a pesar del inicio titubeante. Mientras de la banca el aporte de Vilchis hizo lo suyo, aunque no logró consolidarse como una opción confiable para los 90 minutos del partido. Ese seguirá siendo su gran reto.

Cuero y Polo son las grandes decepciones. Algo que no se puede permitir en un futbolista profesional que, además, llega de fuera para ocupar un lugar en el equipo. La baja futbolística es parte del ciclo de los jugadores, pero lo que es imperdonable es la falta de hambre y garra que mostraron en la cancha. No es de extrañar entonces la salida del colombiano a la que muy probablemente se sume la del peruano. En Monarcas no puede permitirse la indolencia y la indiferencia.

Además, hay que considerar que no ha sido el mejor torneo de Ruidíaz. La ofensiva Monarca tuvo un torneo a la baja. A los goles del goleador de la calle le sumamos chispazos de talento de Valdés y poco más. A Diego le hace falta constancia porque ha mostrado que tiene mucho futbol en sus pies. El resultado es 9 goles para el peruano, 5 para el chileno y 2 de Sepúlveda que estuvo lejos de su mejor nivel. Los números son claros para hablar de lo mucho que se depende de un jugador y las pocas variantes que se tienen al ataque.

En suma, el reto está en superar la inercia del torneo de la salvación. Dejar de jugar para sumar y empezar a hacerlo también para agradar. Monarcas no se siente cómodo cuando tiene que proponer un juego. Lo suyo es el orden y aprovechar las circunstancias que se presenten. Estilo válido, pero ya Monterrey se ha encargado de mostrar que es insuficiente para competir en las instancias finales. De aquí que el cambio pase por una nueva idea de juego. Morelia necesita variantes y una banca que dé soluciones. Debe ser capaz de adueñarse del terreno de juego para imponer condiciones, no solamente responder en momentos dramáticos. Si esto no se tiene es más complicado reaccionar en partidos como el de Monterrey y muy sencillo caer en el desorden. Las variantes, como es claro, tienen que estar ensayadas o no funcionan.

La revancha llegará pronto. Los nombres que sumen y los que se vayan nos darán la pauta para saber si de verdad se puede soñar o si la historia se repetirá. Hay poco tiempo, pero suficiente para darle al equipo la velocidad que hace falta por las bandas, el talento constante y probado para el último pase y un toque más de solidez en la parte baja. Creo que Roberto seguirá confiando en los hombres que tiene para hacer goles. Lo que queda como duda es si podrá dar forma a un equipo que no juegue con un delantero en solitario, sino con un estilo colectivo lleno de variantes al ataque. Uno que de verdad complique la vida a los rivales en lugar de esperar a aprovechar los errores. Ese que se vio por algunos minutos del torneo, pero que se desfiguraba muy rápido.

Las dudas se resolverán pronto.

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