¡Adiós mi amor!

0
1399

COLUMNA INVITADA

(Por: Juan Antonio Zendejas Gervacio).

Hoy es uno de esos días donde las decisiones que tomas en tu vida pierden todo sentido, mi afición y amor por el fútbol nació cuando yo tenía menos de cinco años. Tengo vagos recuerdos de la final de la UAG contra Santos Laguna; de mis seis años de edad ya recuerdo perfectamente el Mundial de USA 1994; aquel gol de Guadalupe Castañeda contra Pumas en el estadio Azteca y el campeonato de Necaxa ante Cruz Azul.

Para 1996, comienzo a jugar mi propia liga, con varios muñecos de luchadores, de aquellos que da la impresión que están bailando y torneo tras torneo yo realizaba mi competencia con aquella transparencia y espíritu deportivo que daba por hecho que existía en el profesionalismo. Así duré hasta que cumplí 17 años, jugando como un niño con mis muñecos, cajas de zapatos como porterías y una pelotita de esponja.


En esa misma temporada, la 95 – 96 durante un partido Pumas contra Atlante, con un marcador de 4 a 3 a favor de los azulgrana, descubrí que en ese lugar donde jugaban los Pumas, aquel estadio con un balón gigante en la pista de tartán existía una escuela y yo siendo un niño me metí en la cabeza que estudiaría ahí, porque había un estadio, hasta que lo logré.

Así mismo, en el año de 1996, empecé a ver los partidos de un equipo muy llamativo, los Canarios del Morelia. El equipo de mi estado, cuyas transmisiones eran diferidas a las 14:00 horas, en ese año mi papá me compró mi primer balón del Atletico Morelia y un llavero, con ese bello escudo y al reverso un canario volando, el cual conservo a la fecha. Ahí nació mi amor, un amor que va más allá de un sentimiento deportivo, es el vínculo con mis raíces, una forma de sentir a mi tierra cerca de mí, de estar orgulloso de mis padres y abuelos ya que en la concepción de este equipo veo la idiosincrasia del pueblo michoacano.


Mi afición al fútbol ha tenido tintes obsesivos al grado de ser uno de los pocos aspectos que me roban el aliento y me hacen llorar de forma desconsolada, terminar relaciones por un Mundial o no querer ver a nadie porque perdió mi equipo, sin contar todas las cosas que hice, como viajar kilómetros de distancia sólo por ver un partido, sin ninguna compañía.

Muchas veces creí que el fútbol te daba más que lo que te podía quitar; sin embargo, hoy, así de repente te encuentras con la noticia de que aquel club que representa tanto en tu vida desapareció.

Hoy te cae el veinte de que pusiste gran parte de tus ilusiones en algo que mercadológicamente te hicieron creer que era tuyo, pero que no era más que un interés privado que se benefició de muchas cosas, dentro de ellas el cariño de una afición, la cual es lo que menos importaba.

Hoy el fútbol pierde un aficionado y en realidad no será algo representativo porque nos hacen creer que lo que importa es la identidad, pero no es así, lo determinante es el negocio y los aficionados somos una ficha más.

A ti como seguidor te dará más desilusiones que alegrías, toda esa inversión que realizaste a lo largo de tu vida se pierde, te dicen que el romanticismo y el arraigo ya no caben en el deporte moderno, se olvidan que sin afición no son nada, hoy quieren clientes no aficionados en los estadios, que ni de ellos son.

Me quedo con el sueño, el deseo y la añoranza de haber pasado esta pasión a otras generaciones.

No obstante lo anterior, siempre estaré orgulloso de mí forma de querer a mi Morelia y de cómo amé al fútbol.

¡Que viva mi tierra Michoacán ?❤️!

Suscribirte
Notificar a
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments