COLUMNA – El Diario de Juan Colorado – El regreso al Morelos

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“A ver. A ver. Es en serio. Ya nada más me quedan tres cartones. Ya no hay más”.

No hay peor amenaza en un estadio, que la del barrista cuando advierte que la cerveza está por agotarse.

La reacción no se hizo esperar. Le llovieron mentadas de madre. Pero ello no evitó que sus palabras se convirtieran en realidad. La cerveza se agotó, al menos en General Sur, al medio tiempo.

La garganta seca. Pero el corazón hinchado de alegría. La ausencia de cubeteros y de dicho elixir de los Dioses durante todo el segundo tiempo, fue solo un detalle, el menos importante, entre muchos que se suscitaron en una noche muy relevante, histórica para el futbol de esta ciudad y su afición.

A ojo de buen cubero daba la impresión que había más o menos la mitad del aforo adentro del estadio. Mucha gente en las zonas de Preferente, General y Plateas. Muy poca en palcos. No era el 30% permitido, a simple vista.

La voz del buen ‘Gabo’ Vázquez dio la bienvenida. El impacto visual inicial fue esplendoroso. El césped en excelentes condiciones. La mejor alfombra de México está intacta. Sin embargo, hubo evidencia de que no es Primera División: la pantalla electrónica apagada, sin venta de las tradicionales carnitas y sin torniquetes electrónicos.

No obstante, lo más sorpresivo (para bien) fue ver por primera vez al Atlético Morelia en vivo y en directo. Y la cosa cambia. El ritmo, la intensidad y el desarrollo táctico, es tal cual como el de Primera División. Y si hubiese alguna diferencia, sería prácticamente la mínima.

El hecho de que se trataba de un partido de Semifinal provocó que los jugadores salieran con una velocidad altísima y también hubo detalles técnicos de alta manufactura. Realmente en cuanto al nivel futbolístico, el partido no dejó nada a desear.

El comportamiento del público fue en su mayoría el adecuado en tiempos de pandemia. Casi todos con su cubrebocas puesto, aunque no faltaron los rebeldes que se lo quitaban y se encimaban al amigo para lanzar porras.

En plateas oriente, los ahí presentes se engancharon con la directiva del Atlante, que primero había festejado los goles de manera burlona en su palco y después, recibieron las burlas de la afición moreliana tras el gol de Gael Acosta.

Más de 13 meses después, el estadio Morelos volvió a recibir a su gente y el equipo pagó, con un futbol a la altura del entorno y un pase a la Gran Final.

¡Ahhhh! Y por poco lo olvido. Entre el ambiente de alegría, nostalgia y reconciliación, a ninguno, o a casi nadie, le importó durante esos 90 minutos, que el de ayer fue un juego de Liga Expansión, o que no hay Ascenso. No. Esta gente es feliz con ver a su equipo. Lo demás son detalles.

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