Maradona ganó una final y disparó armas en Michoacán

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Redacción.- Corría el año 2008 y los Mapaches de Nueva Italia ficharon a un joven proveniente de Albinegros de Orizaba que resultó ser la estrella del equipo, y además su nombre real era Sergio Maradona.

En días recientes el diario argentino El Tucumano, desempolvó la historia de un tipo del cual se podría escribir una película o bien una nota anecdótica como esta.

En 1999 el niño argentino había sido compañero de Lionel Messi en las inferiores de Newell’s, eran los goleadores. River lo intentó fichar, incluso el Villareal y Rayo Vallecano de España pujaron por él, pero siempre pasaba algo que lo alejaba de las oportunidades.

Maradona presentado en Albinegros, por Horacio Rocha y Fidel Kuri.

Aún así, en 2007, el DT Jorge Solari le dió una oportunidad en Atlético Tucuman, pero no aguantó y se escapó para irse con su familia. El Indio, cuentan, lo fue a buscar a su casa y le dijo a su padre “Podría jugar en el Barcelona pero tiene mierda en la cabeza”.

Y así después de un turbulento paso por Albinegros de Orizaba terminó jugando con Mapaches de Nueva Italia no con su nombre de pila sino con algún otro que no se ha podido corroborar. Fue compañero de Ángel Sepúlveda y él mismo aceptó en una entrevista reciente que le pagaban lo que pidiera, pero admite que nunca jugó ciento por ciento confiado.

Mapaches de Nueva Italia sigue dando de qué hablar.

Tras su paso en Orizaba, Maradona se metió en la competición informal: empezó a jugar en torneos de rancho o “de mala muerte”, como los describe. Santana, San Juan del Río, Nogales, Río Blanco. Fueron varios. Jugaba torneos por dinero, hasta que surgió una oferta mejor: volver al Ascenso mexicano. “Podés ganar tres veces en un día lo que ganás en un mes -le planteó un amigo, que lo invitó a jugar en Mapaches. Maradona aceptó sin dudar, aunque las condiciones eran extrañas: para jugar, debía cambiarse el nombre. Dijo que sí y le hicieron un DNI falso. En su primer partido hizo tres goles; los dueños del equipo se entusiasmaron con él: “¿Cuánto quieres cobrar? Dinos, ¿cuánto quieres?, le preguntaban.

No sé, muchachos… con 3.000 pesos está bien”, les contestaba. Había algo que no le cuadraba… Hasta que se enteró. El presunto dueño de su nuevo club, los Mapaches de Nueva Italia, de la tercera división, era Wenceslao Álvarez Álvarez, una de las células de La Familia, el cartel narco de Michoacán. Entonces Maradona le contó a su amigo que no quería seguir jugando ese juego. “No, ahora cagaste”, le contestó el amigo, “encima les gustó cómo juegas”. “Entonces me escapo”, pensó. Se fue a Veracruz, donde vivía una chica mexicana con la que estaba saliendo. No sabe cómo, pero lo contactaron. “Hola pinche, ¿dónde estás, cabrón? Tenemos que jugar la final”, le dijeron al otro lado del teléfono. “En Veracruz”, respondió. “Pues no vas a llegar. Mira, te vamos a mandar dinero y te vienes en avión”, le pidieron. “Entonces, quiero más plata”, desafió. Le mandaron 5.000 pesos mexicanos y el billete de avión. Con Maradona, Mapaches ganó la final. El premio fue de 15 .000 pesos (unos 900 euros) y aquello comenzaba a ir bien: con un nombre falso y sin un apellido que lo presionara, el equipo debía jugar un campeonato nacional.

Maradona en México llegó a la final del campeonato nacional. El contrincante era Michoacán B, de otro cartel narco. Se corría el rumor de que podía correr sangre si el equipo del crack perdía. Pocos minutos antes de que terminara el partido, iban ganando, y el director técnico decidió cambiar a Sergio y a un compañero. La copa era generosa: caballos, coches y mucho dinero. El cambio del entrenador tuvo sus consecuencias: perdieron 5 a 3. Todos lloraban, incluido Sergio. Eran lágrimas de tristeza pero también de temor. “Nos van a matar”, pensó Maradona. “No llores, güey”, le consoló uno de los dueños del equipo. “Aquí nosotros no te vamos a hacer nada. Tú quedate tranquilo. El que se equivocó fue el técnico”. Dicho y hecho, recuerda Sergio: en un puente que cruzaba Nueva Italia apareció quemada la camioneta del entrenador, con el entrenador dentro.

Jugué en el equipo un año más. Mi novia quedó embarazada, tuvimos un hijo, y después los Michoacán dejaron el fútbol y me ofrecieron entrar en su negocio. Me enseñaron cómo entrar en la venta, cómo disparar. Pasé meses sin comunicarme con mi familia”, recuerda. Hasta que la familia lo contactó, y le pidió por favor que volviera a casa. Una madrugada, gracias a unos amigos, su mujer y su hija se fueron al DF y él dejó todo y -con 21 años ya- viajó a Argentina.

Sergio Maradona en la actualidad.

Hoy en día sigue su vida en el país sudamericano y se le conoce como el crack que no fue.

(Por: Ramón Ponce)

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