LA PULGA NO TIENE HERMANOS

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Redacción.- Con uno de los goles más hermosos jamás vistos en el estadio Morelos, Raúl Ruidíaz le regaló a Monarcas un triunfo frente al Atlas. ¿Hermanos? ¡Bah! el peruano es hijo único.

No fue mejor Morelia en el trámite. El empate era lo más justo tras los 90 minutos. Pero Monarcas volvió al triunfo porque tuvo punch y por ese gol… que merece un párrafo aparte, que merece líneas exclusivas, que merece otro tipo de letras.

Se adelantó Monarcas con un gol impensado. Millar de cabeza. A centro de Vilchis en jugada quieta, el chileno anticipó, martilló su remate y superó a Fraga, un guardameta forjado bajo los tres postes del Morelos.

Poquito después lo empató Atlas desde los once pasos. Daniel Arreola ejecutó certero para batir a Sosa.

Cuando agonizaba el lapso inicial, el tiempo se detuvo en el estadio Morelos. Raúl Ruidíaz le puso pausa al cronómetro y todo alrededor se detuvo para admirar la plástica estampa que dibujó al revolver su cuerpo en el aire para impactar un brutal remate de tijera que se clavó en el ángulo. Mientras el resto de los mortales observaban como la pelota descendía, el inca metió una elástica inmortal, que quedará guardada por los siglos al pie del Quinceo.

Lo que pasó después poco importó después de ese gol, que se hubiera visto ligeramente opacado si Valdés la clava en el ángulo tras un remate que reventó la vertical en el complemento.

Tres puntos que devuelven a Monarcas entre los ocho grandes.

Un partido que nos confirma que La Pulga no tiene hermanos.

Y un gol que no tuvo madre.

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